11 de agosto de 2020
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EDICIÓN VERANO

Los Reyes de España no asistieron al evento real británico porque el Gobierno de la UCD lo prohibió por la tensión con Gibraltar

Se cumplen 39 años de la boda del siglo: Los secretos guardados por Diana de Gales y Carlos de Inglaterra

Diana de Gales y Carlos de Inglaterra.
Diana de Gales y Carlos de Inglaterra.
El 29 de julio de 1981 la catedral de San Pablo en Londres concentró las miradas de todo el mundo debido a la boda del Príncipe heredero del Reino Unido, Carlos de Gales con una joven inglesa llamada Diana Spencer que estaba llamada a ser una de las mujeres más fotografiadas del mundo. El día de su boda nadie se imaginaba las polémicas con las que iba a terminar su matrimonio. Su traje de novia marcó un hito en el mundo de la moda y fue copiado por mujeres de todo el mundo.

Hace 39 años Londres echó la casa por la ventana para la boda del (eterno) heredero Carlos de Inglaterra. La Casa Real más importante del mundo batió records de audiencia gracias a la unión del Príncipe de Gales con Diana Spencer, una joven de 19 años, hija de una familia noble. Di, para los amigos, daba la sensación de ser una mujer sin experiencia, aunque, potencialmente, más elegante de lo que suelen ser sus compatriotas. De la noche a la mañana pasó a ser el centro de las miradas de medio mundo. Llegó a debatirse públicamente su virginidad. Esto era un aperitivo de lo que le esperaba: Hasta los aspectos más recónditos de su intimidad pasarían a ser objeto de comentarios.

El 29 de julio de 1981, es un espectáculo televisivo inigualable, Di, la chica con mirada de cordero degollado entró en la catedral de San Pablo de la capital británica y salió Diana de Gales. Su traje de bodas, inexplicablemente a ojo de hoy, se convertiría en el primer ejemplo de su capacidad de ser una prescriptora en materia de moda. Toda la década de los ochenta estaría marcada por novias que, sobre todo en Europa, intentaban emular el vestido de la princesa británica.

El vestido, gigantesco, de tafetán destacaba por unas inmensas mangas globo y una cola de 25 metros. Un vestido tan espectacular y llamativo hizo que pasaran desapercibido los zapatos con más de 500 lentejuelas bordadas y 132 perlas formando corazones. En el último momento se les rebajó el tacón para que ella no apareciera más alta que su marido. Siguiendo la tradición de las novias, a saber, llevar algo viejo, algo nuevo y algo prestado, Diana llevaba unos volantes de encaje antiguo, un cordón azul ceñido a la cintura y una tiara de la familia Spencer que databa del siglo XVIII, respectivamente.

El vestido de Lady Di marcó época. 

El vestido se llegó a cambiar hasta en cinco ocasiones debido a la pérdida de peso de la futura princesa a lo largo de los meses de preparación. El mismo día del enlace tuvieron que ajustárselo a la cintura. La pérdida de peso se achacó a los nervios típicos de lo que se le venía encima, pero, a toro pasado, se puede ver el origen de un problema, la bulimia, que la marcaría en el futuro.

En las confesiones a sus íntimos, el periodista Andrew Morton y el mayordomo Paul Barrell, contaría años después que, presa de los nervios, derramó sobre el vestido parte de un bote de perfume, en concreto Quelques Fleurs de Houbigant Paris, para disgusto de Carlos que le hizo saber lo excesivamente perfumada que iba.

Un detalle que pasó desapercibido debido a lo exagerado del vestido, fue un pequeño complemento, una pequeña herradura de 18 quilates y saturada de diamantes. Este detalle era una superchería para atraer la buena suerte. A tenor de los resultados, se podía haber ahorra la herradura.

Sin rastro de los reyes de España

Nadie que pintase algo en el mundo de la realeza o la política internacional quiso perderse el evento. Las principales casas reales estuvieron presentes: Los Reyes Paola y Alberto de Bélgica que era primo tercero del novio; la Reina Margarita de Dinamarca y su marido el Príncipe Henrik de Dinamarca; el Príncipe Heredero Akihito y la Princesa Heredera Michiko de Japón, representando al Emperador de Japón; el Príncipe Hassan de Jordania; la Reina de Lesoto; los Grandes Duques de Luxemburgo; los herederos de Liechtenstein; Grace de Mónaco acompañada de su hijo el Príncipe Alberto; los Reyes de Nepal; Harald de Noruega; Beatriz de Holanda; los Reyes de Suecia y hasta los Reyes de Tonga.

Grace  Kelly con Diana. Ambas compartieron un idéntico final: Morir en accidente de tráfico. 

También aparecieron los Reyes en el exilio como el Aga Khan, Simeón de Bulgaria, Constantino de Grecia o Miguel de Rumanía. Además, tampoco faltaron la todopoderosa Premier Margaret Thatcher, el Presidente de Francia, François Mitterrand o Nancy Reagan en esos momentos Primera Dama de los Estados Unidos.

Llamó poderosamente la atención la ausencia de representantes de la Casa Real española. El motivo fue político. Que se anunciara que Carlos y Diana decidieran iniciar su viaje de novios en Gibraltar no gustó al Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo de la UCD y prohibió que representantes de la corona española acudieran a la boda real inglesa.

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