29 de octubre de 2020
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FIN DE SEMANA

La hija menor del Zar Nicolás fue asesinada junto a su familia en 1918, durante la guerra civil rusa

La verdadera historia de Anastasia Romanov, que desmonta el mito de la película

La historia de Anastasia Romanov ha sido desvirtuada sistemáticamente en nuestra cultura. Anastasia es personaje de Disney, cantante de musicales y sujeto de infinitud de fábulas carentes del más mínimo rigor. En su caso, la ficción ha superado ampliamente la realidad. Hoy, abordamos la auténtica historia de la hija más joven de Nicolás II, el último zar.

La figura de Anastasia Nikoláyevna (Anastasia Romanov), la hija más joven del zar Nicolás II, siempre ha estado envuelta en un halo de misterio. En la actualidad, su popularidad es enorme, puesto que su “historia” ha trascendido a la cultura pop en virtud de películas y musicales cuya masiva audiencia es directamente proporcional a su dudoso valor histórico. Es precisamente este supuesto conocimiento que tenemos del personaje gracias a este material el que algunas veces nubla nuestra visión del mismo. Y es que la mística que envuelve a Anastasia es una auténtica maraña difícil de desentrañar. Sea como fuere, conviene situar al lector. Retrocedamos hasta el año 1894. En aquel momento, la nefritis acababa con la vida del zar Alejandro III y su hijo, el Zarévich Nicolás, ascendía al trono. A pesar de la conmoción que acostumbra a suceder a un suceso de esta naturaleza, entonces nadie sospechaba que Nicolás II, que mantuvo una relación muy complicada con su progenitor, sería el último zar que gobernaría el Imperio Ruso.

Nicolás contrajo matrimonio con la nieta predilecta de nada más y nada menos que la reina Victoria I de Inglaterra, Alix de Hesse-Darmstadt, posteriormente conocida como Alejandra Fiódorovna. Según la inmensa mayoría de las fuentes, su amor, al principio prohibido y trampeado por Alejandro III, era tan apasionado y ferviente como la revolución a la que la pareja tendría que hacer frente, pero eso es otra historia. Fruto del matrimonio entre ambos nacieron cuatro hijas (Olga, Tatiana, María y Anastasia) y un hijo (Alexei).

Nicolás II y su esposa.

El orden de nacimiento de sus descendientes fue durante un tiempo un quebradero de cabeza para Nicolás II, que veía impotente como su esposa daba a luz a una niña tras otra. La circunstancia no era baladí, pues en Rusia imperaba desde 1797 la Ley Sálica, que reservaba el ejercicio exclusivo del mando a los varones. Con el nacimiento de Alexei, el más joven de todos los vástagos de Nicolás, el Imperio obtenía finalmente su ansiado heredero. El zar no sería tan afortunado en su gestión de Rusia.

Anastasia, una pequeña rebelde en la corte del zar

En cuanto a nuestra protagonista de hoy, Anastasia, al contrario de lo que películas y musicales nos han transmitido, su infancia no estuvo marcada precisamente por la opulencia y la ostentación. Tanto ella como sus hermanas recibieron una educación austera. Para dormir, utilizaban incómodos catres plegables sin almohada y durante el día cosían y limpiaban sus dependencias, además de recibir una formación propia de las damas de la alta sociedad del momento.

Las fuentes describen a Anastasia como una niña rubia y de ojos azules, rebosante de vitalidad. Según el testimonio de sus tutores e institutrices, la joven manifestó desde muy niña una inteligencia fuera de lo común, aunque con frecuencia se rebelaba contra las estrictas normas que se le imponían. Del mismo modo, otras fuentes apuntan a que mostraba un comportamiento desafiante con respecto a los convencionalismos sociales de la época. De sus tres hermanas, tenía una relación especialmente cercana con María, su habitual compañera de juegos, confidente y compañera de habitación.

La familia de Nicolás II al completo.

Su salud, aunque no tan delicada como la de su hermano pequeño Alexei, protegido y querido hasta el extremo por todos los miembros de la familia y por Anastasia, no era todo lo buena que pudiera desear. Sufrió una compleja deformidad conocida como Hallux Valgus, que afecta al primer segmento metatarsodigital del pie, además de problemas de espalda que paliaba con varios masajes a la semana (a los que se resistía en la medida de sus fuerzas).

Su familia rechazó establecerse en el descomunal Palacio de Invierno de San Petersburgo, para instalarse en el palacio Alexander, en Tsárskoye Tsélo, cerca de la ciudad erigida por Pedro I el Grande. Allí, la zarina pudo alejarse de las voces que la querían fuera de la corte al tiempo que escondía el gran secreto de su hijo Alexei, su hemofilia, una enfermedad que afecta a la coagulación de la sangre.

La vulnerabilidad del Zarévich trajo al entorno zarista a un personaje peculiar, una especie de sanador, un místico que influenció especialmente a la zarina y que acabaría siendo asesinado en 1916, cuando su poder en la corte empezaba a ser una amenaza para algunos miembros de las más altas esferas rusas. Su nombre: Rasputín.

La mística de Rasputín y la Gran Guerra, el principio del fin para Anastasia y su familia

Durante sus años de servicio, Rasputín, considerado hombre santo por la zarina y sus hijas, desarrolló una relación muy cercana con todas ellas, algo que escandalizaba a otros miembros de la familia real. Además, se vio inmerso en escándalos sexuales con miembros del servicio y con la zarina y sus hijas, incluida la más joven, Anastasia. Todas mantenían una correspondencia cuanto menos peculiar para la época con el monje y habían sido instruidas por su madre para valorar su consejo y compañía. Cuando este fue asesinado, Anastasia y sus hermanas asistieron consternadas a su funeral.

El misterioso Rasputín.

En otro orden de las cosas, la situación poco antes del término de la Primera Guerra Mundial era insostenible en la potencia euroasiática. Las derrotas ante los alemanes en el frente se sucedían y Anastasia y sus hermanas ocupaban sus largas jornadas en visitas al hospital privado de la Villa de los Zares para animar a los heridos. En octubre de 1917, los bolcheviques se hicieron con el poder. Lenin era el nuevo líder de Rusia y eso ponía a la familia de Nicolás II en un grave peligro. Previamente, en julio, Kerensky, líder del gobierno provisional, había enviado a la familia real, que ya estaba bajo arresto domiciliario, a Tolbolsk (Siberia) por razones de seguridad. Poco después, serían desplazados a la casa Ipatiev de Ekaterimburgo.

Anastasia notó especialmente los efectos de la reclusión en un principio, aunque, en la línea de su carácter, pronto trató de adaptarse positivamente a la nueva tesitura. Las condiciones del encierro eran cada vez más precarias. La casa Ipatiev estaba rodeada por una empalizada de una altura tal que no se podían ver los árboles de alrededor. La tragedia era cuestión de tiempo. En la madrugada del 17 de julio de 1918, los últimos Romanov fueron asesinados junto a los cuatro sirvientes que los acompañaban en el sótano de la “Casa del propósito especial”, como era denominada por sus captores. Sus asesinos les despertaron con el pretexto de trasladarles por la cercanía del ejército blanco y los llevaron al sótano aludiendo que pretendían tomar una foto de la familia. El revolucionario judío Yakov Yurovsky dirigió la operación. Anastasia tenía 17 años.

La leyenda de Anastasia

El encanto que rodea el personaje de la joven duquesa Anastasia reside en los rumores que se iniciaron tras su muerte. Su supuesta supervivencia es uno de los grandes mitos del siglo XX. Muchos impostores quisieron suplantar la identidad de los hijos del zar. Es el caso de la célebre Anna Anderson. Esta mujer fue descubierta sin documentación en el puente del río Spree (Berlín) tratando de suicidarse. Ingresó en un hospital psiquiátrico, donde confesó su supuesta identidad secreta, la de Anastasia Romanov. Lo singular de su historia es que las explicaciones que ofreció revelaron datos sobre su huida y detalles sobre Anastasia que resultaron ser muy coherentes.

Comparativa entre Anastasia y Anna Anderson.

El testimonio de Anna fue tan convincente que se inició un juicio al respecto. El litigio se resolvió con el veredicto de que esta mujer no tenía pruebas suficientes que demostraran que fuese quien decía ser. No obstante, se resolvió que la muerte de Anastasia no podía ser considerada hecho probado. Anderson sostuvo hasta su muerte en 1984 que era Anastasia, aunque finalmente se descubrió su verdadera identidad, es decir, la de Franziska Schanzkowska, una obrera polaca con graves problemas mentales. Efectivamente, se conoce que Anastasia falleció junto a su familia en Ekaterimburgo desde que se hallaron las tumbas en 1979. Sin embargo, no sería hasta 1991, en plena disolución de la Unión Soviética, cuando se exhumaron los restos mortales de las mismas, identificándose en el proceso a Anastasia y su familia y acabando de este modo, con su leyenda.

 

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