22 de enero de 2022
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FIN DE SEMANA

La actriz madrileña, de 66 años, rodó con cineastas como Pedro Almodóvar, Fernando Trueba o Luis García Berlanga y ganó cuatro premios Goya

El adiós a Verónica Forqué, la reina de la comedia costumbrista española de los 80 y los 90

Verónica Forqué en 'Kika' (1993) de Pedro Almodóvar.
Verónica Forqué en 'Kika' (1993) de Pedro Almodóvar.
Verónica Forqué, hija de cineasta y actriz, ha fallecido a los 66 años en Madrid. Aunque empezó su carrera con papeles de corte dramático, pronto reveló su extraordinaria vis cómica tras su encuentro con Almodóvar. Pasó a ocupar un espacio en el cine de los 80 que venía a ser el de una Gracita Morales de los años de 'la movida'. Unos años en los que interpretó filmes muy populares que la llevaron a conseguir cuatro premios Goya.

Cuando el periódico El Mundo daba la exclusiva del hallazgo del cuerpo sin vida de Verónica Forqué en su piso de Madrid, la primera sensación era la de incredulidad. Aunque en los últimos tiempos la actriz había comunicado que se encontraba "cansada", un posible suicidio siempre genera sorpresa. 

Su intervención en el talent MasterChef Celebrity generó multitud de comentarios en redes sociales. Los más jóvenes descubrieron mediante la telerealidad a un rostro sin el que es difícil entender el cine de las últimas décadas. Una intérprete con una especial habilidad para la comedia donde la ingenuidad se daba la mano con la ironía. A medio camino entre Shirley Maclaine y Gracita Morales

Verónica Forqué nació en Madrid el 1 de diciembre de 1955, hija de un director de cine, José María Forqué, al que se le deben joyas de la comedia patria como Atraco a las 3 (1962) y Las que tienen que servir (1967), y de la actriz y escritora Carmen Vázquez-Vigo. Conocedores de lo que significaba su profesión, sus padres no quisieron que fuera actriz por lo que ella acabó estudiando psicología, aunque lo combinaba con su asistencia a clases de arte dramático. 

Su padre, al ver que no había posibilidad de reconducir su vocación, optó por darle cabida en alguna película suya. Poco a poco fue interpretando papeles de reparto hasta que consiguió cierto reconocimiento por el de la esposa de Ramón y Cajal en la serie televisiva de 1982, donde Adolfo Marsillach se ponía en la piel del famoso científico. 

Fue Pedro Almodóvar el que cambió la percepción que el público tenía de ella gracias a ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Heredó el papel de la prostituta Cristal que rechazó Victoria Abril. A partir de ese momento la Forqué pasó a ocupar un espacio en el cine de los 80 que venía a ser el de una Gracita Morales de los años de 'la movida'. Papeles que tenían la ingenuidad por bandera, pero con un descaro que la España de la década anterior todavía no se podía permitir. Personajes a los que siempre acababa dando un toque propio, una forma de hacer y decir que los singularizaba y con los que el espectador empatizaba. Tal vez por eso, durante muchos años quedó atrapada en la comedia costumbrista a la que en los ochenta no querían dar ese nombre pero que, inevitablemente lo era, porque entre Arniches y Almodóvar no hay tantas distancias que salvar. 

En esos años rodó con los mejores cineastas, de Colomo a Berlanga, pasando por Trueba o Antonio Mercero. Es cuando comienza a coleccionar premios Goya. En la primera edición se hizo con el de Mejor Actriz de Reparto por El año de las luces (1986) de Fernando Trueba y en la segunda, hizo doblete con el premio a Mejor Actriz Principal por La vida alegre (1987) de Fernando Colomo y el de Mejor Actriz de Reparto por Moros y Cristianos (1987) de Berlanga. Un hito que sólo repetiría Emma Suárez en 2016. En 1993 obtuvo su último Goya por encarnar a la protagonista de Kika (1993), un filme de Almodóvar donde su personaje era el único positivo de una historia negrísima envuelta en comedia loca. Uno de sus personajes más reconocidos, junto a la Chusa de Bajarse al moro, la obra de José Luis Alonso de Santos que interpretó tanto en cine como en teatro.

Siguió enlazando hasta el final de su vida papeles populares en cine y en televisión. En este último medio se la pudo ver en series icónicas como Platos Rotos, Pepa y Pepe o La que se avecina

En 1981 se unió al director de cine Manuel Iborra con el que tuvo a su hija María. Cuando en 2014 tomó la decisión de divorciarse, empezó una serie de procesos depresivos que ella confesó con naturalidad en diversas entrevistas. Sus confesiones sobre la salud mental las realizó en televisión con el mismo tono de confuso optimismo con el que resolvía en el cine las escenas de humor más negro. Una realidad, la de la actriz con vis cómica, que consigue fijarse en el subconsciente colectivo y al mismo tiempo, con su final visibiliza uno de esos problemas de los que siempre se habla en voz baja. 

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