Nos llevamos las manos a la cabeza y no damos crédito a lo que ha sucedido.">Nos llevamos las manos a la cabeza y no damos crédito a lo que ha sucedido.">Nos llevamos las manos a la cabeza y no damos crédito a lo que ha sucedido.">Nos llevamos las manos a la cabeza y no damos crédito a lo que ha sucedido.">
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Persona sosteniendo un cartel con una mano morada impresa y el mensaje "No más violencia contra las mujeres".
COLUMNAS

¡Ya está bien!

Columna de opinión por Eva Milla tras los asesinatos machistas en las últimas horas en España.

Nos llevamos las manos a la cabeza y no damos crédito a lo que ha sucedido.

Cuatro mujeres muertas y dos niños asesinados para hacerlas más daño aún, a ellas y a sus familias, en modos cada día más rocambolescos, cada día más siniestros y descarnados.

Nos sentimos fatal, asqueados, desconcertados, sorprendidos de que algo así pueda suceder en nuestro mundo.

Inmediatamente, buscamos en la información de la prensa datos que nos aporten conocimiento de los casos y en cierto modo pueda justificar el horror; eran extranjeros, ha sucedido en un pueblo, en Málaga hay mucha droga o hace mucho calor, eran muy jóvenes, era una señora muy mayor, y un largo etcétera que nuestra cabeza busca para sentir que no estamos dentro de ninguna de estas clasificaciones y por ende lejos de que pueda pasarnos a nosotros y a salvo de que nos salpique o salpique a nuestras familias, sobre todo hijas, sobrinas, hermanas, tías o primas.

Nos aliviamos pensando en que estas acciones son producto de mentalidades sin cultura, poblaciones desfavorecidas o familias que viven en exclusión social. La cabeza busca razones mientras el corazón continúa doliendo la barbarie.

Sentimos pena por las víctimas, por los hijos, por los familiares de estas víctimas, empatizando con la pobre gente que lo sufre. Pero son otros, no nosotros.

Lo curioso es que después del shock, de la sorpresa, de la pena y del sano morbo que pueda producir la búsqueda de datos sobre las noticias. Nuestra mente se acostumbra al terror, al dolor, a tener monstruos sociales, a aparcar el pensamiento que nos dice que nosotros no podemos hacer nada, que nos convence de que eso es propio de gente que está mal de la cabeza y que nada tienen que ver con nuestra acomodada vida mientras los actos más desgarradores se van sumando a las terribles cifras de las muertes de mujeres y niños, porque les podemos llamar como queramos o ponerles el nombre que deseemos, incluso podemos buscar lo que nos anestesie más los sentimientos, pero la realidad es que las muertas, son en su mayoría absoluta mujeres, mujeres de carne y hueso, de todas las razas, condiciones y edades, mujeres y sólo mujeres.

Extranjeras, jóvenes y viejas, cultas e incultas, solteras y casadas, con familias y sin ellas, con órdenes de protección y sin ellas, con religiones y sin ellas, trabajadoras o amas de casa, guapas y feas, ricas y pobres, de pueblo o de ciudad, listas y tontas, todas ellas mujeres asesinadas a manos de hombres "machistas".

Podemos negar el machismo, lo que probablemente signifique que no se entiende el término, pues se es "machista", según la RAE, cuando se tiene "Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres." A lo mejor estoy confundida, pero matar a una mujer, detrás de otra, parece, cuanto menos, bastante prepotente por parte de los asesinos, hombres que no son hombres de verdad hombres que son "machistas", ¿o alguien puede negar esta realidad?

Más allá de esta prepotencia mortal extrema, existe la prepotencia de seguir humillando al género, matando a sus hijos, de ella, por ser ella por causarle más daño a ella, por aniquilarla junto a su estirpe, porque en la mente del machista, ella es mujer, le pertenece a modo de propiedad emocional, y debe estar sometida a la conducta de superioridad de género de él y ella debe entender que no puede ser independiente y muchísimo menos "ser de otro hombre", puede que incluso no la quiera, pero imaginar que sea feliz lejos del él (machista), le vuelve loco, porque el machista no está dispuesto a perder, y harà lo que tenga que hacer incluido asesinar, y después será capaz de provocarse la muerte por suicidio para liberarse de cualquier responsabilidad ejerciendo así el machismo de forma social; "escapo de la ley y me suicido pero me la llevo por delante, a ella y a su familia".

¿No es machismo? ¿Cómo se llama entonces? ¿Por qué nos empeñamos en buscar otro término, cuando la RAE lo define perfectamente? ¿Se pueden entender estas conductas desde otro adjetivo? Tal vez el de enfermo, pero "machista".

Ah!, claro, se me olvidaba que es que son extranjeros con otras formas de entender la vida, o parejas inestables por su juventud, o excesivamente mayores y ya no saben lo que hacen, o a veces incluso es que ella le ha provocado. ¡Qué tonta, no haberme dado cuenta! Ya estoy más tranquila, no es machismo.

Pero sigo inquieta, algo me dice que mañana me puede tocar a mí, que mi hija se puede ver afectada por algún imbécil, prepotente, machista, que se piense que ella es inferior y la trate como a un objeto hasta que se piense que es tan de su propiedad que sienta el derecho hasta de matarla, o que de una forma u otra no la quiera soltar, que le pase a mi amiga, o lo que es el peor dolor de todos, una nieta sometida a manos de su maltratador, machista, prepotente, y tan cuerdo como para pensar que si se suicida nos deja a todos jodidos y él no paga.

Qué triste es tener que escuchar que las cuatro mujeres muertas hoy a manos de hombres, "pudieran ser" víctimas de violencia de género!, abriendo la duda, no sé muy bien a qué. ¿Qué otra cosa puede ser? ¡Que no te toque, que no te toque! Qué triste también para los hombres de verdad, esos que nunca harían nada en contra de ninguna persona, pero especialmente nunca maltratarían a una mujer, porque lejos de sentirse por encima de ellas, sienten que deben protegerlas por su valor incalculable como género.

Estos hombres se visten por los pies, y jamás ejercerán violencia ni física, ni psicológica, ni verbal contra las mujeres, porque no se sienten superiores, se sienten hombres, con sus diferencias de género pero en igualdad.

Yo los conozco, hay miles, son la mayoría de los hombres normales, que respetan en extremo a las mujeres. Brindo por estos hombres, "no machistas", que hacen posible que estos monstruos sociales que son los asesinos "machistas", sean claramente excepciones, errores de masculinidad, diferentes del resto de los integrantes del género masculino.

Cada día estoy más convencida de que solo los "hombres de verdad" pueden acabar con las actitudes machistas, y que por mucho que las mujeres, gritemos, lloremos o seamos brutalmente asesinadas al igual que nuestros hijos, para liberarnos del machismo, al machista solo le pararán otros hombres, que con el ejemplo y la palabra les muestren lo cobardes, inseguros, equivocados, e incapaces que son. Desgraciadamente estas voces masculinas se levantan más altas y enérgicas cuando el caso les toca de cerca, pero no son pocas las voces masculinas que están convencidas que ser hombre, significa protección a la familia, sabiduría, capacidad de trabajo, sentido del honor y del humor, respeto a la pareja, a las opiniones contrarias, de toda índole, curiosidad y crecimiento, y sobre todo aceptación de las perdida cuando ya no toca estar.

Qué pena no ser un hombre, para poder ir diciéndoles a mis iguales machistas, "así no", sois machistas de verdad, machistas, con todas las letras, machistas, y hacéis daño a la sociedad, desestabilizáis familias, entornos, pueblos, ciudades, países, el sistema entero sangra con vuestras acciones, inapropiadas, inadaptadas, ofensivas, que crean miedo, asco, repugnancia.

No banalicemos, no olvidemos, no nos acostumbremos a este dolor, como decía la cantante Ana Belén, en una de sus canciones, "que el dolor no me sea indiferente".

"Hombres del mundo, ¡ayudadnos, ayudaros!" ser hombres de verdad, de los buenos, de los que actúan en equipo y lo ganan todo en la vida.

Decidle a los machistas, que lo son, no os sintáis identificados con ellos, no les deis tregua en su conducta, no perdonéis determinadas acciones por insignificantes que parezcan, no justifiquéis, no les dejéis que amenacen, no os riais de sus gracias, y entonces, las cosas cambiarán. Deben de cambiar, porque un país que en 24 horas tiene cuatro mujeres muertas y dos criaturas de una de ellas, muertas también, es más que una estadística, o un día de tormenta y habla muy mal del país.

Las mujeres asesinadas hoy hablan de nosotros como país, como sociedad, como civilización, como personas, etc. Nuestras mujeres, nuestras niñas, nuestras nietas, están en riesgo de ser víctimas de machismo, no de los hombres, sino de asesinos machistas que nada tienen que ver con el género masculino.

No tenemos tiempo que perder para poner a las mujeres y los niños a salvo de asesinos machistas, y si no aceptamos el término, al negarlo prolongamos la barbarie y desviamos el foco y cuando este mal pandémico, nos toque de cerca, será tarde para prevenirlo o evitarlo.

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